martes, 15 de junio de 2010

El Toreo de la Vincha en Casabindo



Los 15 de Agosto se celebra en la localidad en plena puna Jujeña el único evento taurino de Latinoamérica donde los animales no son sacrificados ni lastimados.
Como nos habían recomendado, para conocer el pueblo, la iglesia y hacer una pasada por la cercana Cochinoca fue una idea excelente ir el 14 desde Abra Pampa a Cochinoca y desde allí a Casabindo donde ya se veían los preparativos para la fiesta del día siguiente pero todo se podía recorrer.

El 13 de agosto llegamos a Abra Pampa por RN 9, asfaltada, ubicada 90 kms. al norte de Humahuaca al pie del cerro Huancar donde se practica sandboard. Fundada el 30 de agosto de 1883 con el nombre de Siberia Argentina (no tuvo aceptación) está a 3.384 m.s.n.m. Hay que dormir en Abra Pampa ya que en Casabindo no hay hoteles y para alojarse sólo es posible en casas de familia. Estuvimos en el Residencial Cesarito, muy modesto, pero compensado con la amabilidad y disposición de sus dueños. 

El 14, después de un rico desayuno en el hotel, partimos para Cochinoca un pueblito de 75 habitantes (censo del 2001), a 30 kms. al oeste de Abra Pampa, a 3552 m.s.n.m.,  de gran importancia minera en la segunda mitad del siglo XVIII y gran parte del XIX y hoy casi despoblado. Sin embargo la belleza de su paisaje se conserva cuando admiramos desde lejos la hondonada arbolada donde se levanta el pueblo con su colonial Capilla de Santa Bárbara y la Iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria, las que pudimos visitar por la gentileza de Eduarda Cruz, una lugareña que después nos invitó a conocer su casa.

Desde Cochinoca y por una huella, con un poco de temor porque no viajamos en 4 x 4,  nos dirigimos a Casabindo para ahorrar unos cuantos kilómetros, en lugar de hacer el camino normal de volver casi hasta Abra Pampa y de ahí a Casabindo.

Ubicada a 55 kms. al SO de Abra Pampa, por RP 11, a 3377 m.s.n.m., Casabindo es famoso por su Iglesia de la Asunción,  de piedra canteada, inmaculadamente blanca, de aspecto imponente, llamada “Catedral de la Puna” declarada Monumento Histórico Nacional y que data de 1772. En su interior, que pudimos recorrer bien (el 15 es prácticamente imposible por la cantidad de gente) cuelgan cuadros de “Ángeles arcabuceros”, pinturas de la escuela cuzqueña, similares a las de la Iglesia de Uquía. 

Después de recorrer el pueblo donde ya había bastante gente esperando el acontecimiento del día siguiente volvimos a Abra Pampa para descansar y salir bien temprano para el increíble “Toreo de la vincha” la gran fiesta de Casabindo, 15 de agosto, día de la Virgen de la Asunción.

Pero... ¿Que es el Toreo de la vincha?
La leyenda cuenta que en la década de 1770 un joven cacique llamado Pantaleón Tabarcachi, sublevado contra la dominación española fue condenado a ser ajusticiado en un corral lleno de bravos toros. Como estos no le hacían daño le sacaron la vincha de su linaje con quintos de plata de Perú y se la colocaron entre las astas a uno de los toros. El joven pudo sacarle la vincha al toro pero otro desde atrás le incrustó sus cuernos en la espalda perforándole los pulmones. Moribundo, Pantaleón se arrastra ofrendando la vincha a la Virgen antes de morir y pidiendo por la libertad de su pueblo. 

Muy temprano salimos y la ruta era una nube de tierra de la cantidad de automóviles, micros y camiones que rumbeaban para llegar a tiempo al festejo.

Casabindo que en quechua significa “hondura helada”, el 15 de agosto es pura fiesta. Ya desde el día anterior comienza a arribar gente pero es bien temprano a la mañana en que arriban desde poblaciones vecinas hombres, mujeres y niños con imágenes de santos (misachicos) y empiezan las actividades con salvas de bomba y misa de la aurora a capilla llena; luego vienen bautismos y casamientos, el acto protocolar y la misa central a las 11.

Después comienza la procesión alrededor de la Plaza con:

* los “samilantes” (hombres que llevan plumas de suri – ñandú - pegadas al cuerpo y cascabeles en los tobillos) y bandas de sikuris danzando y tocando el siku, el erke, la quena, los tamboriles y redoblantes, pidiendo lluvia para la seca Puna; 

* las “cuarteadoras” que son mujeres que llevan media res de cordero tomada de las patas y disputan su parte del animal hasta cortarlo o quitárselo a su contrincante; 

* tres niños de los cuales dos con máscara de caballo simulan perseguir al tercero con máscara de toro  

* los fieles que llevan la sagrada imagen de la virgen de la Asunción y otras de  vírgenes y santos. 

Todos ellos son rodeados de una multitud de turistas extasiados que no paran de filmar y sacar fotos; parece mentira la cantidad de extranjeros en la fiesta y comprobar que la mayoría de los argentinos no tienen ni idea de lo que es Casabindo y menos el Toreo de la vincha.

Al finalizar la procesión cerca del mediodía hay un tiempo para probar las comidas regionales (tamales, empanadas, locro, humita) y beber y comprar artículos típicos de la Puna en los puestos que rodean la plaza.

Alrededor de las tres de la tarde comienza el único toreo incruento de Sudamérica. La plaza Pedro Quipildor, frente a la iglesia, donde se hace el toreo está rodeada de una empalizada rectangular donde la gente se sienta con tiempo para tener visión óptima y  en una de las caras tiene una “minitribuna de pocos escalones. Los toros salen al ruedo – de uno por vez – con una vincha roja entre las astas que tiene tres monedas de plata y el torero debe quitársela para ofrendársela a la Virgen de la Asunción. Cualquiera que se anime puede anotarse para torear; la mayoría son de la zona, ya con experiencia y otros, ocasionales espectadores con muchas agallas, adrenalina o varias copas encima;  pero la gran sorpresa que tuve fue cuando el anunciante daba los nombres de los inscriptos: tres muchachos de 9 de Julio (Pcia de Bs. As.) - mi ciudad natal donde viven mi madre, un hermano y mis amigos -, estaban en la lista; a los gritos pregunté quienes eran y pude conversar con dos de ellos que obviamente no me conocían (hace 46 años que vivo en Buenos Aires); ¡dos de ellos pudieron sacarle la vincha a toro!

El espectáculo es impresionante; los jóvenes de la zona se arrodillan mirando a la iglesia para pedirle protección a la virgen antes de comenzar y al final para agradecer no salir lastimados;  es que el toro nunca es herido y el torero solo con una capa roja es el que a veces sufre heridas de distinta gravedad. Los toros se encabritan con la capa del torero, los gritos de la gente y el estruendo de las bombas. Algunas veces los toreros se asustan y desisten cuando ven al toro con la cabeza gacha rascando la tierra, listo para atacar; otras veces es el toro el que no responde provocando la risa de los espectadores.
   
Finalizado el toreo –alrededor de 10 disputas – se entregan premios y menciones. Al atardecer cuando la mayoría inicia la caravana de vuelta a Abra Pampa los coyas preparan la “corpachada” ceremonia de ofrecimiento de comida y bebidas a la Pachamama (madre tierra). Mientras se elevan plegarias rogando prosperidad para el año que se inicia comienza el carnavalito y todos bailan en las calles de tierra de Casabindo. Más tarde todo es silencio y oscuridad. 
Por: Dr. Jorge V. Martin

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